El final de los libros que he leído o el final de las series que he visto generalmente me hacen sufrir. Hay finales que te hacen decir, gritar o pensar: «¿POR QUÉEEEEEEEEEEEE?, ¿POR QUÉ TERMINÓ ASÍIIIIIII?».
Hay que decirlo: hay finales que desilusionan. En especial, esos finales abiertos hechos para que «queden a la imaginación». Que chévere para el que le gusta imaginar como continua la historia, triste para el que no —como a mí—, porque esos finales de, por ejemplo, toda una historia de amor trágica, que los protagonistas han pasado por las peores cosas, han sufrido como nadie, han luchado tanto por ese amor... oye, tú esperas un final digno para esa historia, un súper final, algo que compense todo ese sacrificio, toda esa batalla, pero no, la historia termina con una mirada entre los dos enamorados que, finalmente, después de tanto todo, se encontraron. Y listo, se acabó. Se miraron y aparece esa palabra que me desestabiliza: «Fin».
Es duro, porque si de verdad llegó a gustarte tanto la historia, con un final abierto, uno se pregunta —en el caso de la historia romántica—: «¿Pero qué pasa después?, ¿Se abrazaron?, ¿Ya nada va a impedir ese amor?, ¿De ahora en adelante estarán juntos para siempre?». En fin, déjaselo a tu imaginación y si no tienes o es indecisa como la mía, te tocará sufrir.
Siento que es crueldad de quien inventó esa historia, porque si toda la historia la desarrollaron tan bien, tan bonita, con tanta creatividad de manera que te atrapara... ¿Por qué arruinarlo todo con el final?
Bueno, eso no sucede con todas las series que he visto o todos los libros que he leído, pero me ha pasado, me acaba de suceder.
Yo preparo todo para los finales: pongo el ambiente perfecto, la iluminación, me voy al lugar más cómodo de mi cuarto —donde generalmente estoy para este tipo de cosas—, preparo o compro algo de comer muy sabroso... y termina siendo como que mi «Modo Final», tal cual, porque es un momento especial, es un momento íntimo y, bueno, también me preparo psicológicamente para aceptar que ya llegué al final de la historia que vi o leí durante algún tiempo.
Sí, porque cuando la historia de un libro o una serie te atrapa, uno siente que esa historia se hace como parte de nosotros porque de alguna manera la vivimos: nos hacen felices, reímos, sufrimos, lloramos, nos molestamos, somos felices otra vez... y es así, al final se convierte en una especie de vida paralela.
De cualquier manera, acabo de llegar al final de una serie que me gustó bastante, me enamoró la historia y, no es que no me gustó el final aunque sí me cortó la nota el hecho de que terminara con una mirada, es que me hace sentir un poco de nostalgia porque ya no hay más de esa historia, ya se acabó, así como esta entrada.